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ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE SOCORROS MUTUOS

AESM DE ROSARIO: PRIMER ESLABÓN DEL MUTUALISMO ESPAÑOL EN ARGENTINA. LA NUEVA IDENTIDAD ESPAÑOLA.

Adela del Valle López, Antonio Javier Sánchez Castro.

Mutualismo popular en España.

   El fenómeno del socorro mutuo abarcará en España un amplio espectro asociativo de los más variopintos fines. La Ley de Asociaciones de 1839 regulará un movimiento que ya empieza a despuntar en algunas zonas peninsulares. Tras la breve experiencia de la Iª República será la legislación de 1887 la que regule el derecho de asociación en España y por ende el marco legal a partir del que florecerá ampliamente el socorro mutuo. Destacar por la amplia presencia que habrán de alcanzar por todo el país las sociedades de socorros mutuos de carácter asistencial, es decir, con una base popular u obrera pero auspiciadas y financiadas por los sectores acomodados de la sociedad en la que tienen su asiento.

   Feliciano Montero sitúa al mutualismo junto con la beneficencia y el seguro conformando la estrategia llevada a cabo por la nueva sociedad industrial para dar mayores coberturas a una clase obrera totalmente indefensa -tras la desarticulación del entramado gremial- ante situaciones de riesgo derivadas de la enfermedad o de la muerte. Como expresiones de solidaridad ante los accidentes, los requiebres de la salud, la jubilación o la muerte, la ausencia de prácticas actuariales hará sensibles a muchas de ellas ante situaciones en las que una enfermedad (sirva como ejemplo la gripe del 1918), envejecimiento de su base social o el aumento de la mortalidad las llevarán al borde de la disolución. La guerra civil también determinará su desaparición en muchos casos bajo la excusa de estar conducidas por directivas afectas al Frente Popular o por la amplia base social de, cuanto menos, simpatías izquierdistas; en algunos casos las ambiciones de las juntas locales de falange hacia su patrimonio marcarán su sentencia de muerte. Las que consiguen el visto bueno de las nuevas autoridades surgidas del enfrentamiento civil, sobreviven a duras penas tras ser obligadas a dar de baja a los miembros que se hubieran manifestado por sus inclinaciones hacia partidos de encuadramiento frentepopulista o por su militancia en sindicatos de clase, aunque será la generalización de los seguros sociales la que les habrá de dar la estocada final. Todavía sobreviven algunas de estas mutualidades populares por todo el país con sus actividades reducidas a una faceta cultural y recreativa.

   Sin duda alguna será este modelo el que tendrán presente los españoles que ponen en marcha las primeras asociaciones españolas en América a partir de 1854 que echa a andar la Sociedad Española Primera de Socorros Mutuos de Montevideo. Pero la deuda será mutua pues igualmente algunos de nuestros emigrantes retornados seguirán el ejemplo de aquellas sociedades de socorros que tan bien conocieron en tierras americanas seguramente por haber ellos mismos pertenecido a alguna de esas como socios para ser los artífices de la fundación (y financiación) de experiencias similares y más modestas en su tierra natal.

Rosario Contemporánea.

   A mediados del siglo XIX la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe, está sufriendo una importante metamorfosis que la llevará a dejar de ser una aldea para acabar convirtiéndose en ciudad, status que recibirá allá por el año 1852 llegando a ocupar en la actualidad el segundo puesto entre las principales urbes argentinas.

   El aporte de la inmigración -fundamentalmente de italianos seguidos por españoles- hace que su población de apenas 10 mil habitantes según recoge el censo de 1858 (casi el 5% de ellos españoles) pase en poco más de 50 años a 175.032 habitantes (con un 14% de españoles). Llegados en este punto al siglo XX las diferencias entre las inmigraciones italiana y española se reducirán a mínimos hasta el punto que para 1926 el 16% de la población rosarina provendrá de España, o lo que es lo mismo, el equivalente al 36 % de los emigrantes.

   A medida que la presencia española en la ciudad se hace más patente irán floreciendo sus propias asociaciones e instituciones (Asociación Española de Socorros Mutuos, Club Español, Hospital Español) ya en pleno funcionamiento cuando la inmigración peninsular se convierte en masiva. Estas primeras colectividades irán dando paso, a medida que el número de españoles aumente, a agrupamientos por regiones, provincias o localidades de origen donde los recién llegados encontrarán el calor de los suyos, contactos para encontrar trabajo, para reproducir en su país de adopción celebraciones y mantener costumbres e incluso lengua vernácula porque para ellos la emigración se ha planteado como un proyecto a corto o medio plazo, muy pocas veces como algo definitivo. Aunque para miles de compatriotas, el paso del tiempo lo convertirá en algo definitivo viéndose obligados a adquirir la nacionalidad de su hogar de adopción para mantener sus trabajos.

   El importante número de inmigrantes que demandarán noticias de la tierra madre, que quieren estar al día en la situación de sus connacionales en Rosario e incluso para aquellos que pretenden conocer la situación de los países hacia los que tiene en proyecto encauzar su futuro la propia prensa española irá abriendo sus páginas cada vez con mayor frecuencia a noticias llegadas desde América o se facilitará la aparición de una serie de periódicos y revistas para satisfacer estas necesidades, unos en la propia España (El Emigrante Español, La Emigración Española….), otros en América ("Eco Español" de Rosario…).

   La importancia de nuestra colonia en el otro lado del charco tendrá su reflejo en la propia economía de España con la periódica llegada de remesas para lo que muchos recurrirán a instituciones comerciales y bancarias de capital español (Banco Español del Río de la Plata).

Fundación e influencias de la AESM de Rosario.

   En Junio de 1857 un grupo de españoles de posición social más o menos acomodada, llegados al país entre 1835 y 1850, y siguiendo el ejemplo de la iniciativa que 3 años antes había tenido otro grupo de compatriotas en la vecina república de Uruguay, se reúnen en torno al gaditano José María Buyo nacido en 1829 y miembro fundador de la asociación montevideana, para poner en marcha la iniciativa rosarina. Oficialmente se acepta como fecha fundacional el 1 de julio. La asociación hermana de la vecina república aportará asimismo los primeros estatutos fundacionales. Unos meses después y también avalada por el propio Buyo echará a andar idéntica iniciativa en la ciudad de Buenos Aires. Propagandista incansable del mutualismo también formará parte en la fundación de las asociaciones de Paraná y San Nicolás. En resumidas cuentas, gestor de las 5 primeras mutualidades suramericanas.

   A medida que la presencia española se expande por la joven república suramericana las AESM van levantando sus sedes en las principales ciudades y pueblos. En los lugares donde la colonia hispana no es amplia se recurre a una fórmula mixta, la unión con los miembros de otras comunidades inmigrantes en las que se llamarán Sociedades Cosmopolitas de Socorros Mutuos (SCSM). En el extremo opuesto, cuando en una misma localidad se reúne un amplio número de españoles oriundos de una misma región, ciudad o villa se pondrán en marcha iniciativas propias.

   A medio camino entre la beneficencia y la previsión social, entre sus asociados encontraremos a importantes comerciantes y empresarios locales que con su respaldo a la mutualidad inician prácticas benéficas hacia sus connacionales menos afortunados; pero también a obreros y empleados que detraerán una parte de sus salarios posibles infortunios imprevistos que les aparten de forma provisional o definitiva del mercado de trabajo. Son asociaciones civiles de carácter voluntario, sin ánimo de lucro y que proveerán de una serie de servicios médicos (universalizan el acceso a la medicina) y funerarios, actividades lúdicas y culturales a cambio de una cuota de entrada y otra cuota mensual. Lógicamente a través de estos 150 años las cuotas obligatorias habrían variado llegándose la de entrada a suprimirse en períodos breves y determinados para facilitar la adhesión de nuevos socios.

Al gran pueblo inmigrante ¡Salud!.

   Su radio de acción será la ciudad de Rosario por lo que a la par que ésta crece en extensión se ampliará el área de cobertura. Las relaciones con otras asociaciones españolas serán muy fluidas, tanto con las radicadas en la misma ciudad como las de otras localidades de la república. Así se reconocerá una amplia red de "sociedades hermanas" por las que aquel asociado que se encontrara en otra localidad o que necesitara seguir algún tratamiento fuera de su zona de residencia sería asistido por la mutualidad donde se encuentrare. Igualmente se daría el caso contrario con aquellos socios de otras sociedades hermanadas que tuvieran que venir a pasar consulta por alguno de los especialistas a sueldo de nuestra mutualidad o se encontrara de paso en Rosario y se viera afectado por una enfermedad o necesitara asistencia farmacéutica. Con este sistema las mutualidades con menor potencial humano y recursos económicos podrán ofertar mayores servicios a sus socios aprovechando las coberturas de las mutualidades más potentes y aunque tendrán que reembolsar los servicios recibidos no necesitarán contar con los oportunos especialistas. En este sentido el artículo 76 del estatuto de 1905 reconoce "(…) como parte de la gran Asociación Española de Socorros Mútuos, todas aquellas que se hallan establecidas ó se establezcan en Sud América entre españoles, bajo esta misma denominación y análogos reglamentos, y siempre que con ésta guarden reciprocidad de servicios y benéficos propósitos; pero sin que por ello se exija ni consienta dependencia alguna administrativa".

   Participa activamente en la fundación de otro tipo de asociaciones en la ciudad cediendo sus locales para que en ellos inicien su andadura.

   En el año 1881, 15 de diciembre, obtiene del Superior Gobierno de la Provincia el reconocimiento de su "personería jurídica" que le beneficiarán con exenciones impositivas.

Coberturas médicas y farmacéuticas.

   Como ya comentábamos, estas mutualidades serán las principales responsables de un  proceso de universalización en el acceso a la medicina ya apuntado también para el caso de España por Bernabeu Mestre. Mientras las familias con una cierta solvencia económica se pueden permitir el recurso a los profesionales de la medicina a quienes reciben en sus casas, para los sectores más humildes sólo les quedaría recurrir al hospital de caridad donde seguramente se estaría más expuesto a contraer alguna nueva enfermedad que a curarse de aquella que ya se padecía y que habría motivado el ingreso. Es en casos de extrema gravedad cuando el enfermo recurriría a esos hospitales lejos del hogar y del cuidado de los suyos y a donde muchas veces sólo se iría a morir.

   Los avances científicos diversificarán la práctica médica en especialidades pasando ya a ser una necesidad imperiosa de diagnóstico y tratamiento aunque no todavía al alcance de todos. Era evidente que las sociedades de socorros debían ofrecer estos nuevos servicios a sus asociados ya que la recuperación de la salud marcaba su principal razón de ser, poniéndolos de este modo en un nuevo nivel de prestaciones médicas similar al recibido por los sectores pudientes que podían tener acceso a ellas a la par que repercutirán en un mayor prestigio de la colectividad y un mayor poder de atracción de nuevos miembros. Los socorros percibidos por el enfermo sólo cubren una mínima parte del salario dejado de percibir lo que vuelve imperioso la necesidad de curarse para retomar el trabajo. En el mismo mes de echar a andar se contratan los servicios de un medico y un flebótomo encargado de la aplicación de ventosas, sanguijuelas y de practicar sangrías. Con el paso del tiempo se aumentará el número de facultativos y se irá dando entrada a especialistas.

   Quedarán excluidas de la cobertura médica la demencia, las enfermedades derivadas del alcoholismo (que determinará igualmente la expulsión) y las enfermedades venéreas que con anterioridad a 1909 serán asistidas pero no socorridas y a partir de esta fecha sólo serán asistidas la primera vez. Con la entrada de la mujer se exceptuarán de la cobertura médica tanto el embarazo como el parto que posteriormente sí llegarán a ser cubiertos.

   Para la atención a los enfermos contribuirá a la fundación del Hospital Español en 1912 e inaugurará en 1938 el Policlínico Covadonga.  

   Inicialmente se llegará a acuerdos puntuales con farmacias locales para proveer a los socios de los específicos prescritos por los facultativos para su dolencia; los medicamentos habrán de determinar una parte muy importante de los gastos anuales. Con el fin de llevar a cabo medidas de ahorro en este servicio, en 1934 se recibe el permiso de la Dirección General de Higiene y se procede a la instalación de la farmacia social dirigida por un presidente y un farmacéutico. 

   La asistencia médico-farmacéutica se verá complementada, tras llevar al menos dos meses de alta en la colectividad, por un auxilio económico cifrado desde la reforma estatutaria de 1905 en 1,50 pesos percibidos a partir del tercer día de baja y reducido pasados los 90 días a 1 peso.

   Además, el socio efectivo que llevare al menos 5 años continuados en la asociación y que careciera de todo tipo de recursos al ser declarado crónico incurable e imposibilitado para el trabajo tendría el derecho a percibir de una sola vez la cantidad de 100 pesos o, en su defecto, una pensión diaria de 0,60 pesos pasando a la consideración de socio condicional. Podría solicitar se le abonara en España o en su patria natal, para lo cual se le adelantaría el primer bimestre como ayuda del viaje, siendo éste por cuenta de la asociación en un pasaje de 3ª clase.

Panteón social, la muerte inmigrante.

   Muchos inmigrantes encontraran la muerte en su nueva patria, algunos solos, muy lejos de los suyos que en alguno casos no llegarán a tener noticia del óbito. El socio enfermo se sentirá acompañado por sus compañeros, por sus compatriotas, durante el período de convalecencia pero consciente de que si se produce un trágico desenlace el colectivo arropará a sus familiares más directos (si tiene familia a su cargo) y su cadáver será acompañado en su último viaje hasta su enterramiento que en muchos casos se llevará a cabo en el panteón de la propia asociación inaugurado en el cementerio de "El Salvador" allá por el año 1880 y remodelado en los años 50. En 1921 se acuerda cobrar como cuota mensual un peso más para mantenimiento de esta edificación. El cementerio está situado en una zona privilegiada de la ciudad y ubicado en el Parque de la Independencia.

   Recuerdo del transfondo religioso de las antiguas cofradías gremiales ofrece al fallecido el paño fúnebre junto con 4 candeleros con sus cirios correspondientes, ataúd de madera de cedro y transportado en coche fúnebre de 2ª clase, además de cuatro carruajes para llevar a los familiares directos durante el transcurso del sepelio. Por el alma de cada socio se habría de celebrar una misa, aunque debido al aumento de gastos que suponía, a partir de 1861 se acuerda celebrar uno al año en recuerdo por todos los socios fallecidos durante el período.

   En el panteón tendrán su última acogida los socios e hijos menores de 12 años pertenecientes a la asociación. Pero también tendrán acceso a este servicio los representantes y agentes consulares de España, los miembros de la armada en la ciudad y los marinos mercantes españoles fallecidos en Rosario siempre y cuando se encontraran transitoriamente en ella por un plazo nunca superior a los 3 meses. Sin olvidarnos, por supuesto, de los miembros de sociedades hermanadas con las que se mantuviera tratado de reciprocidad y ocasionales fallecidos en la ciudad.

   Transcurrido el plazo legal recogido por las ordenanzas, el cadáver sería exhumado previo aviso a los familiares y en caso de no pasar éstos a recoger sus restos serían depositados en el osario del panteón.

Ocio y cultura: un espacio necesario.

   Pese a que inicialmente celebrarán sus reuniones en casa de algún asociado o directivo antes de pasar a ocupar el local en alquiler cuando el fondo social lo permitió, una de las primeras preocupaciones de esta colectividad será adquirir su casa social en propiedad. En él se desarrollará una intensa vida social que pasará desde las reuniones de las juntas de gobierno (directiva y general), hasta las actividades culturales, festivas, recreativas.  En 1882 nuestra sociedad procede a la compra de una propiedad sita en la actual calle Laprida para erigir allí su sede social. En la segunda década del siglo XX se decide erigir una nueva sede en unos terrenos comprados en el año 1895 en la esquina de las calles Santa Fe y Entre Ríos y con vistas a allegar fondos se decide vender la propiedad de Laprida. La nueva casa social se construirá siguiendo el diseño del arquitecto mallorquí Francisco Roca i Simó introductor del movimiento modernista en Rosario de cuya mano surgirán igualmente entre otros los edificios del Club Español, Palacio Cabanellas, Banco de Castilla y Río de la Plata. Inaugurada en enero de 1914 se le conoce como "Casa de España".

   El local se dotará de la habitual sala provista de una importante biblioteca a disposición de sus socios y con un gabinete de lectura surtido igualmente de los diarios locales, entre ellos seguramente el "Eco Español" cuyas páginas darán cabida a las informaciones sobre las actividades de la asociación. También, en el local social llegará a funcionar un aula de estudios comerciales destinado a la perfección de todo aquel socio que deseara asistir gratuitamente a sus clases.

Asociados: lo importante es la familia.

   Hasta 1905 sólo podían pertenecer a nuestra asociación aquellos varones nacidos en España y residentes en la ciudad de Rosario con una edad comprendida entre los 12 y los 60 años y que demostraran buena conducta, honradez y reputación entre la propia comunidad, que ejerzan alguna profesión y que abonaran puntualmente las cuotas mensuales. Tras la nueva reforma estatutaria llevada a cabo en 1905 una nueva visión sobre las categorías de asociados influirá en los legisladores; ahora, entre los 12 y los 50 años se accedería a la condición de socio efectivo tras abonar 2 pesos como derecho de entrada más 1,50 pesos correspondiente a la primera mensualidad adelantada a lo que se añadiría además 1 peso en concepto de abono del diploma de socio. A partir de los 50 años se podría ingresar con la categoría de socio condicional previo rechazo a todos los socorros pecuniarios previstos estatutariamente y tras abonar 4 pesos de derecho de entrada, 2 por primera cuota y 1 por el diploma; disfrutarán, eso sí, de asistencia médico-farmacéutica, conservando asimismo el derecho al enterramiento en el panteón de la asociación. Una y otra categoría de socios podrían inscribir a sus hijos menores de 12 años abonando por ellos mensualmente la cuota de 0,50 pesos. En reconocimiento a sus servicios extraordinarios a la asociación existe la categoría de honor proclamada por la asamblea general de socios y con derecho a todos los beneficios de los socios efectivos sin tener que abonar las cuotas establecidas; tal condición será ostentada, entre otros, por el máximo representante de España en Rosario. A partir de este año y rendidos ante una realidad que ya muestra que entre la colonia española el número de mujeres se va poco a poco equiparando al de hombres, se suprime la exclusión por razón de sexo lo que no habrá de tener oportuno reflejo en la constitución de las juntas directivas monopolizadas por hombres.

   Poco a poco va asentándose entre la comunidad inmigrante local y va ampliando su base social pudiendo detectarse precisamente en el aumento o estancamiento en el total de asociados las diferentes fases observables en la llegada de oleadas humanas peninsulares: 1900 (1578 socios), 1910 (2870), 1920 (3248), 1930 (4864), 1940 (7152). Por el número de sus miembros se distingue ampliamente de la mayor parte de asociaciones de socorros mutuos españolas del país pero sin llegar a las cifras de la mutualidad de la capital federal, lugar de destino preferido por nuestras gentes para asentarse, que ya para un año difícil como fue 1933 contaba 39809 socios. En el lado opuesto estarían entre otras, para el mismo año, las asociaciones de Chivilcoy (910 socios), Azul (584), Balcarce (719), Bordenave (151), Cabildo (102), Arroyo Corto (96) por citar algunas de las de más de 300 asociaciones de estas características que nuestros compatriotas con su tesón y sacrificios pusieron en marcha en la república rioplatense.

   En el progresivo aumento observable para el caso rosarino será determinante, como ya hemos visto, la reforma estatutaria de 1905 que da entrada como socios a padres, mujeres e hijos de españoles o las posteriores intervenciones gubernamentales que a partir de los años 30 comienzan a atacar el exclusivismo étnico de estas asociaciones determinantes de que a partir de 1939 se admita a argentinos. La mujer, pese a ser admitida, no tendrá derecho a la elección de directivas reservado en exclusiva para varones mayores de 22 años; por supuesto que tampoco podría ser elegible para la junta de gobierno, a la que sólo podrían acceder también los varones mayores de 22 años, con al menos uno de asociados, que supieran leer y escribir y no percibieran sueldo de la asociación o mantuvieran negocios con ella. El primer gobierno del General Juan Domingo Perón obligará a todas las sociedades de socorros a abrirse a la comunidad en general, fruto de lo cual en 1947 se pasará a admitir en su seno a todos los vecinos de la ciudad de Rosario independientemente de su nacionalidad.

Por Argentina, por España: 150 años de mutualismo ininterrumpido.

   La AESM llega a este aniversario con plena pujanza, respaldada por una masa social en torno a los 6000 miembros a los que se ofrecen, como entresacamos de la carpeta elaborada con motivo de este aniversario que ahora recordamos, coberturas médicas en 15 consultorios propios para distintas especialidades, laboratorio bioquímico, sala de rayos X y ecografías, ecodoppler color, mamografías, consultorio odontológico, audiometría, gabinete de fisiatría y kinesiología, farmacia social. Igualmente un departamento de ayuda económica concede créditos a los afiliados y un gabinete jurídico presta asesoramiento legal.

   Prueba de la importancia de la asociación la tenemos al ojear las personalidades que conformaran el comité de honor para este aniversario, a saber, el entonces presidente de la República Argentina Néstor Kirchner y su ministra de Desarrollo Social de la Nación Alicia Kirchner. Representando a España tanto el embajador en Argentina como el cónsul general en Rosario y el consejero de Trabajo y Asuntos Sociales de la Embajada Española además de las principales autoridades provinciales, municipales, eclesiásticas, académicas, empresariales y mutualistas. No se han olvidado de rendir justo homenaje al socio fundador con la presencia en el comité de dos bisnietos de José María Buyo; ni tampoco de dar cabida a representantes de otras sociedades españolas en Rosario. El elenco de las 18 personalidades que componían la comisión se cerraba con la presencia del presidente de la AESM José Ortuño al frente de la colectividad

   La importante labor realizada por la asociación entre la colonia española le hará merecedora del reconocimiento tanto de las autoridades peninsulares como de la propia municipalidad rosarina; así allá por el año 1983 recibirá de manos del monarca español la "Corbata de la Orden al Mérito Civil", concediéndose en 1998 el título de "Institución Benemérita" de la ciudad de Rosario. La ciudad de Rosario será declarada Capital Nacional del Mutualismo en consideración a que la AESM local ejerce como la sociedad de socorros mutuos más antigua del país.

   Colabora con el ministerio español de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y con el de Sanidad en proyectos de asistencia médica a españoles necesitados y con el Consulado General de España en Rosario y otras asociaciones españolas de la ciudad para la difusión de la cultura española.

Pese a los años transcurridos, pese a que ya gran parte de su masa social son ya argentinos de nacimiento España siempre ha estado presente en sus actos. No podemos dejar de recordar su movilización para allegar fondos durante el terremoto que habría de asolar Andalucía, durante las inundaciones de Málaga (1907), la catástrofe del vapor "Machichaco" (1893), para remitir a los familiares de las víctimas de la desigual guerra que enfrentó a España contra EE.UU. por la cuestión cubana, o de las víctimas del conflicto de Melilla. Radicada y firmemente asentada en terreno argentino donde forma parte importante en la historia contemporánea de nuestra hermana república suramericana no podemos menospreciar su importante papel también dentro de la historia de nuestra emigración.

Valgan estas breves y un tanto escuetas líneas para rendir tributo al esfuerzo y sacrificio, pero también ilusiones y esperanzas de una parte de nuestro pueblo obligado a buscar su futuro más allá nuestras fronteras.

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

CASTILLO, S. (Ed.). "Solidaridad desde abajo. Trabajadores y Socorros Mutuos en la España contemporanea". Madrid, 1994.

DE GRANDIS, N. (Comp.). "Los Españoles en Sociedad. Inmigración, territorio y trama asociativa en Rosario". Rosario, 2007.

MONTERO, F. "Orígenes y antecedentes de la Previsión Social". Madrid, 1988.

 

 

                                                            Rosario / Gijón   22 de Diciembre de 2007

 
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